Radio Guadalquivir

The Dream Chasers

The Dream Chasers. Silvia Te Orienta

The Dream Chasers

Tal día como hoy, hace ahora exactamente dos años, me encontraba en el puesto de trabajo que ocupaba en una entidad bancaria atendiendo a María (nombre ficticio). María es una mujer de unos 70 años, llena de energía y vitalidad, que venía todos los días al banco a realizar gestiones de diversa índole, desde actualizar su cartilla de ahorro hasta descontar efectos y abonar facturas del pequeño negocio familiar que regentaba desde hace muchos años y que ahora había pasado a manos de sus hijos. Aunque era evidente que en ningún momento se había desvinculado del todo. No faltaba nunca a su cita en la oficina, muchas veces acudía incluso enferma (“hoy vengo un poco pachucha”, me decía); durante el año y medio que realicé funciones comerciales en esa sucursal no recuerdo que faltase ni un solo día. Es más, la mañana que extrañamente no tenía ninguna gestión que realizar pasaba por allí simplemente a saludar. La visita a “Carlos el del banco” era una parada más en su rutina, con la que rellenaba sus días, con la que se “sentía útil”, cubriendo una necesidad tan común hoy en día en personas de esas edades.

En las largas conversaciones que manteníamos mientras llevaba a cabo sus gestiones (para desesperación de mis superiores, que veían en aquellas “terapias” un evidente agujero de productividad), María me hablaba de la época dorada que vivió su empresa, también de los recientes tiempos difíciles que “con ayuda de Dios” iban superando poco a poco… pero sobre todo me transmitía el enorme esfuerzo y sacrificio que suponía sacar adelante una empresa en este país, de las pocas ayudas y escaso apoyo que suelen tener los emprendedores, los cuales debían hacer frente a tasas y cargas impositivas desde el primer día, la mayoría de las cuales sin ningún tipo de proporcionalidad con respecto a los ingresos o beneficios de la misma.

Por eso, no me extrañó su cara de incredulidad y estupor cuando, justo hace ahora dos años, le solté a María la “bomba”:

– María, voy a dejar mi puesto de trabajo en el banco.

– Vaya, siempre hacen lo mismo. Cuando cogemos cariño a los empleados van y los cambian de sucursal… ¿Y a qué oficina vas?

– No, María, no me has entendido. Voy a dejar este trabajo.

– Pero… ¡¿Cómo!? ¿Es que te han despedido? Mira que me pongo ahora mismo a recoger firmas en el pueblo, sabes que eres muy querido aquí…

– No me han echado, soy yo el que lo ha solicitado

– Ah… ¿es una excedencia entonces, no? ¿Es que no estás bien aquí?

– No es una excedencia, eso sería dejarlo “a medias”. Y aquí no se puede estar más a gusto. La oficina está a cinco minutos de casa, el ambiente con los compañeros es excelente y tengo un salario privilegiado. No es por lo que hago, es por lo que quiero hacer.

María no acababa de entenderlo. Posiblemente ella veía en mí el éxito profesional que toda madre quiere para sus hijos: un trabajo estable (si se es funcionario, mejor), un buen sueldo y el reconocimiento y aprecio de todos, clientes y compañeros. Por eso insistía, sinceramente preocupada:

– ¿Lo has pensado bien? Mira que ahí fuera “hace mucho frío”. Y ya tienes cuarenta años… ¡y cuatro hijos! ¿Qué opina tu mujer de esta decisión?

– Mi mujer me apoya. De hecho, es la que me ha dado el último empujón, disipando mis dudas. Sin ese impulso nunca hubiese dado el paso.

– ¿Y qué es lo que vas a hacer exactamente?

Entonces le expliqué a María mi proyecto. Le conté cómo desde que pusieron el primer ordenador en mis manos con sólo siete años (un Spectrum 48K que aún conservo), supe que quería dedicarme a la informática, que dejé mi hogar en Badajoz a los 17 años para estudiar la ingeniería y que, aunque la mayor parte de mi carrera profesional he podido ejercer mi vocación informática, nunca la he orientado hacia lo que realmente me apasiona: la formación para niños. Es cierto que en aquel momento de mi vida laboral, al que me habían llevado circunstancias que escapaban a mi control, no podía estar más alejado de esa actividad (si bien en casa ya practicaba con la “mini clase” que forma mi prole). Por eso estaba decidido a dejarlo todo para crear la academia de tecnología en la que me hubiese gustado entrar cuando era niño.

The Dream Chasers

Algo debió cambiar en mi discurso, quizás María detectó el brillo en mis ojos o un entusiasmo hasta ahora desconocido, el caso es que su respuesta me sorprendió:

– Ya veo…Entonces se trata de perseguir tu sueño. Pues que sepas que te va a ir fenomenal. Tienes talento, conocimientos y lo más importante: pones pasión en lo que haces.

No sé si María dijo aquellas palabras sólo por animarme y en realidad por dentro seguía pensando que estaba loco por dejar el banco, pero el caso es que viniendo de alguien con su experiencia, me resultaron especialmente alentadoras. Me recordaron a aquella cita atribuida al presentador y comediante Johnny Carson que tenía muy presente en aquellos momentos de cambio. Creo que resume muy bien el eterno dilema del balance trabajo/vida:

Nunca sigas en un trabajo que no disfrutas. Si eres feliz en lo que haces, te gustarás a ti mismo, tendrás paz interior. Y si tienes eso, junto con salud física, habrás tenido mucho más éxito del que posiblemente podrías haberte imaginado.

Sólo unos meses después de aquella conversación me encontraba en el auditorio principal del EBE ante más de 400 alumnos de secundaria presentando How I Learned Code, una de las primeras academias de robótica y gamificación educativa creadas en Andalucía. Era la primera vez que hablaba en público, y resultaba evidente mi bisoñez en este terreno. Sin embargo, algo debió llamar la atención de algunos de los asistentes (quizás vieron reflejado en mí su mismo entusiasmo, su mismo brillo en los ojos), entre los cuales ya se encontraba una parte de lo que después conformaría el equipo de #SilviaTeOrienta. Aquel EBE fue el comienzo de otra aventura (para los que apuestan por el emprendimiento, las aventuras y emociones fuertes están garantizadas), en este caso rodeado de un puñado de locos que se juntan todas las semanas en torno  a un micrófono para hablar de sus sueños y ayudar a otros a conseguirlos.

Si algunos tienen su “nave del misterio”, nosotros somos la tripulación de la Dream Chaser (que además en nuestro caso es una nave que existe en la realidad: chúpate esa, Iker). Viajamos por la galaxia cada Jueves, conociendo gente tan maravillosa e interesante que a veces parecen extraterrestres, e incluso a veces descubrimos planetas inexplorados (el evento #TuMarcaTuEmpleo supuso un hito en la navegación interestelar).

The Dream Chasers

Si no nos conocéis, os invito a que escuchéis nuestro cuaderno de bitácora, y si después de eso no queréis dejar de soñar, estáis invitados a acompañarnos todas las semanas, en mi caso con el Space Oddity de Bowie sonando de fondo.

Carlos Rojas

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